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Por la cultura y la educacion para mejorar la nacion

18 Febrero 2011

Bibliografia Dominicana

Importancia de la investigación bibliográfica
En la República Dominicana: visión histórica*

Por Miguel Collado
02/16/2011

Miguel Collado

Santo Domingo. (Atanay.Com).-A dos inmortales de la investigación histórico-cultural en la República Dominicana debemos agradecerles, póstumamente, el que 34 años después de haber recibido de ellos sus consejos y sabias orientaciones podamos exponerles a ustedes, con la humildad de un bibliógrafo apasionado, nuestra percepción en torno a la trascendencia de la investigación bibliográfica en el ámbito de las letras dominicanas.

Nos referimos a Emilio Rodríguez Demorizi y a Vetilio Alfau Durán, a quienes conocimos en diciembre de 1976 cuando ardía en nuestra joven mente -teníamos 22 años de edad- la idea de escribir la historia de aquel pueblito de donde son oriundos nuestros ancestros por la línea paterna: Jánico, municipio de la provincia Santiago.

A Rodríguez Demorizi y a Alfau Durán les dedicamos, desde el hondón de nuestro ser, y enarbolando la bandera de la gratitud perenne, esta conferencia.

Para una mayor comprensión del tema central de nuestra conferencia -que debemos reconocer es un tema un tanto árido y muy poco tratado en los ciclos de conferencias celebrados en el país-, primeramente haremos un recuento histórico de lo que ha sido la investigación bibliográfica en República Dominicana, basándonos en los datos contenidos en nuestra obra Apuntes bibliográficos sobre la literatura dominicana, publicada en 1993 bajo el auspicio de la Biblioteca Nacional. Luego, tocaremos el aspecto relativo a la importancia de ese tipo de investigación en el ámbito de las letras. Veamos:

1.LA INVESTIGACIÓN BIBLIOGRÁFICA EN REPÚBLICA DOMINICANA: RESEÑA HISTÓRICA (1901-1993)

1.1 Primer período: inicios del Siglo XX

La historia de la investigación bibliográfica dominicana es relativamente reciente, ya que se inicia en la primera década del siglo XX con los trabajos del dominicano Rodolfo D. Cambiaso (1852-1916) y del cubano Carlos Manuel Trelles (1866-1951), quizá el más importante de los bibliógrafos nacidos en Cuba.

Cambiaso publica en 1907 su "Bibliografía dominicana" en los números 2, 3 y 4 de la revista La Miscelánea, que circulaba en la ciudad de Santo Domingo; y TrelleS, en su libro Ensayo de bibliografía cubana de los siglos XVII y XVIII (1907), nos ofrece unos apuntes para la bibliografía dominicana que marcan el punto de partida en este tipo de trabajo. 1.2 Segundo período: años 20 y 30

Andando el tiempo, Pedro Henríquez Ureña (1884-1946), el insigne humanista dominicano, publicaría, en 1929, su "Bibliografía literaria de Santo Domingo", en la revista costarricense Repertorio Americano, fundada por Joaquín García Monge en 1919. Esa bibliografía apareció, en tres entregas consecutivas, en los números 9, 10 y 11 de la revista.

Al año siguiente, en 1930, el estadounidense Ralph S. Boggs [bonsch] publica, en el número 4 del Bulletin Hispanique [Boletín Hispánico] (Estados Unidos), "A selective bibliography of diminican literature" ["Una bibliografía selectiva de la literatura dominicana"], indicando en esta bibliografía los textos literarios que, en su opinión, tenían mayor importancia.

Otro estadounidense, el profesor Samuel Montefiore Waxman, se trasladó a la República Dominicana en 1929 para realizar una exhaustiva investigación bibliográfica, cuyos resultados pudieron verse en la bibliografía que bajo el título de A bibliography of the belles letters of Santo Domingo ["Una bibliografía de las bellas letras de Santo Domingo"] publicó en 1931 con el auspicio de la Harvard University Press.

A esa bibliografía de Waxman -que reúne unos 600 títulos de libros y folletos- Pedro Henríquez Ureña y Gilberto Sánchez Lustrino (1902-1945) le harían interesantes observaciones y adiciones con un trabajo publicado, en 1934, en el número 3 de la Revista de Filosofía Española: "Observaciones y adiciones a A bibliography of the belles-lettres of Santo Domingo, de S. M. Waxman".

Valiosa es, por la abundante información que brinda, la "Bibliografía dominicana", del historiador dominicano Damián Báez Blyden (1900-¿ ?) aparecida en el Listín Diario en las ediciones de 1935 correspondientes a los días 4, 9, 18-22 y 26 de febrero y a los días 1, 4, 6, 11, 15 y 21 de marzo del citado año.

Ya antes, en 1932, el gran ensayista y político dominicano Manuel Arturo Peña Batlle (1902-1954) había publicado sus "Notas bibliográficas dominicanas" en la revista La Cuna de América (Santo Domingo) del 21 y del 29 de febrero de ese año, y en las mismas reseña publicaciones periódicas y libros de historia.

1.3 Tercer período: años 40, 50 y 60

Luis Florén Lozano (1913-1973), uno de los tantos intelectuales y artistas españoles que se refugiaron en el país al término de la Guerra Civil española en 1939, realizó una ingente labor de difusión de las letras dominicanas durante el tiempo en que permaneció dirigiendo la biblioteca de la Universidad de Santo Domingo en los años 40. Su Bibliografía de la bibliografía dominicana (Ciudad Trujillo: Roques Román, 1947. 68 p.), con la que busca ayudar "a la formación del índice de la bibliografía dominicana", es una irrefutable evidencia de la magnitud de su aporte a los estudios bibliográficos en República Dominicana.

A Florén Lozano se debe el primer Boletín bibliográfico, publicado por la biblioteca de la universidad del Estado, en 1940, en los números 1 y 2 de la revista Anales de la Universidad de Santo Domingo.

Otros trabajos bibliográficos de Florén Lozano son: "Bibliografía de los profesores universitarios", en la que reseña los libros, folletos y artículos publicados por los catedráticos de dicha universidad durante los años 1945-1949; y "Contribución a la bibliografía dominicana", donde recoge libros, folletos y artículos de autores dominicanos y de autores extranjeros, pero con temática dominicana. El primero de esos trabajos apareció en los números 41-44 (19479, 49-50 (1949) y 53-56 (1950) de la revista Anales...; mientras que el segundo fue publicado en los números 91, 92 (1948) y 93 (1949) de la Revista de Educación.

El distinguido bibliógrafo español también preparó una novedosa Guía de las librerías, editores, impresores y vendedores de libros de la República Dominicana (Ciudad Trujillo: Editora Montalvo, 1951. 32 p.), cuya actualización sería de mucha utilidad para todos los que, de alguna manera, consumimos información bibliográfica.

En este importantísimo tercer período aparecen los trabajos bibliográficos del historiador Vetillo Alfau Durán, quien domina el escenario dominicano en lo que a investigación bibliográfica se refiere. De 1955 a 1956 publica sus "100 notículas de bibliografía dominicana" en los números 73-76 y 77-78 de la revista Anales...

Cada una de esas breves notas o noticias bibliográficas trata algún asunto de interés para el estudio de la cultura dominicana: los hermanos Villaurrutia y el periódico El Correo de los Ciegos de Madrid (Notícula 1); primera traducción del Código de Napoleón o Código Civil Francés publicada en República Dominicana (Notícula 2); Américo Lugo y su promesa -hecha en 1914 al Presidente Ramón Báez- de hacer, lo más completa posible, una bibliografía de obras que trataran sobre Santo Domingo (Notícula 13); los dominicanos que han publicado bibliografías nacionales dominicanas parciales (Notícula 33); la más extensa bibliografía dominicana acerca de un tema determinado (Notícula 62); y primera biblioteca pública fundada en la ciudad de Santo Domingo (Notícula 79), entre otros temas de gran importancia histórica y cultural.

Ahora bien, una de las más valiosas bibliografías acerca de la literatura dominicana es la que Alfau Durán publica de 1958 a 1960 en la misma revista Anales... (números 85-86 y 87-88, del 1958, y 93-96, del 1960). Se trata de sus "Apuntes para la bibliografía de la novela en Santo Domingo", donde recoge 104 títulos de novelas: 91 de autores criollos y 13 de autores extranjeros.

En esa novedosa bibliografía hay copiosa información sobre los autores, los cuales están ordenados alfabéticamente hasta la letra "F", lo que hace suponer que la misma fue publicada incompleta por Alfau Durán. Varios años después, de 1965 a 1970, el maestro del detalle relevante nos entrega sus preciados "Apuntes para la bibliografía poética dominicana", los que dio a la luz pública a través de la revista Clío (órgano de la Academia Dominicana de la Historia), específicamente en los números 122 (1965), 123 (1968), 124 (1969) y 125 (1970). Es, hasta ahora, la bibliografía poética más extensa, pues recoge 808 publicaciones poéticas (libros, folletos y separatas), a pesar de que incluye a algunos poetas extranjeros a los que nos referimos en el capítulo "Más apuntes para la bibliografía poética dominicana" denuestra obra citada (pp. 133-243).

Al igual que Vetilio Alfau Durán, el reputado historiador Emilio Rodríguez Demorizi, excelente rescatador y compilador de documentos valiosísimos, también realizó una apreciable labor bibliográfica desgranada en toda su prolija y varia obra de indiscutible mérito.

De Rodríguez Demorizi es "La bibliografía en Santo Domingo" incluida en el libro Proceedings of the intermerican bibliographycal and library association, editado en 1939 por The H. W. Wilson Company en la ciudad de Washington, Estados Unidos. En 1960 publica sus "Noticias literarias" (revista Clío, número 116, pp. 28-30), en las que encontramos datos bibliográficos ausentes en La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo, de Pedro Henríquez Ureña.

Al dominicano Próspero Mella Chavier, quien cierra este período, le debemos la Bibliografía dominicana, 1956 y la "Lista bibliográfica correspondiente al año 1955", ambos trabajos de considerable valor para una bibliografía cronológica dominicana. El primero de ellos es un folleto de 32 páginas y el otro apareció en el número 79-80 de la revista Anales..., también en 1956.

1.4 Cuarto período: años 70 y 80

En este período encontramos bibliografías mejor elaboradas, de mayor alcance y con más criterio técnico en cuanto a la compilación, clasificación y presentación de las informaciones sobre las publicaciones de libros, revistas, artículos y otros. Ejemplos: la "Bibliografía comentada de la literatura dominicana" (1974), de Guadalupe Romero; el Anuario Bibliográfico Dominicano de la Biblioteca Nacional, compilado por el Departamento de Procesos Técnicos de esa institución en 1984; la Bibliografía de la literatura dominicana (1960-1982) (1984), del puertorriqueño Otto Olivera; y la "Bibliografía activa y pasiva de los poetas dominicanos de la Generación de 1965 (Ampliada)" (1985), del chileno Alberto Baeza Flores.

La bibliografía de Romero fue publicada en la revista Eme-Eme (órgano de la Universidad Católica Madre y Maestra), en el número 14 del año 1974, y en ella son bibliografiados y comentados 58 trabajos de carácter antológico, casi todos en el género poético; 26 de carácter bibliográfico; 77 de carácter crítico (estudios literarios); y 13 trabajos sobre la historia de la literatura dominicana. Es decir, recoge 174 títulos de libros, folletos y artículos aparecidos en periódicos, revistas y boletines nacionales y extranjeros.

El anuario bibliográfico de la Biblioteca Nacional -único editado hasta ahora por esta biblioteca en sus casi 40 años de existencia- tiene 2,538 asientos bibliográficos y reúne títulos que tratan acerca de una gran diversidad de materias. A la literatura dominicana, sin embargo, sólo le corresponden 289 de esos asientos, en su mayoría libros de poesía. Al final tiene dos índices, uno de los autores y otro de materias, que facilitan el uso de la obra.

La bibliografía de Olivera, editada por la Society of Spanish and Spanish-American Studies [Sociedad de Estudios Hispanoamericanos], recoge las publicaciones literarias dominicanas de 1960 a 1982. Contiene 1,181 asientos bibliográficos, de los cuales 98 corresponden a publicaciones periódicas (revistas, periódicos y suplementos culturales), 369 a textos de crítica y 714 a textos de creación literaria (406 para poesía, 113 para novela, 106 para cuento, 62 para trabajos de carácter antológico y 27 para teatro). Esta bibliografía es interesante por la forma en que está organizada la información bibliográfica contenida en ella, clasificada de modo tal que facilita la consulta rápida y precisa.

La bibliografía de Baeza Flores, rica en noticias bibliográficas de los autores, es importante por su carácter de especialidad, que se circunscribe, en forma detallada, a las publicaciones de los escritores pertenecientes a una generación literaria específica, que es la de los años 60. Encontramos en ella una relación bibliográfica, comentada y ordenada cronológicamente, de las antologías sobre los poetas dominicanos de 1965; una relación similar de los estudios básicos sobre dichos poetas; y una muy breve bibliografía comentada y cronológica de las antologías generales sobre literatura o poesía dominicana que incluyen a poetas de esa generación.

También figuran en el trabajo del crítico chileno una bibliografía, ordenada alfabéticamente por autores, de los temas, opiniones y polémicas en torno a los poetas de 1965; y, finalmente, una pormenorizada bibliografía activa y pasiva, con datos bibliográficos de los poetas de la Generación del 60, es decir, incluyendo a los integrantes de la Promoción del 60 y a los de la Promoción de Post Guerra.

Baeza Flores, integrante de la Poesía Sorprendida en la literatura dominicana, publicó la bibliografía citada como apéndice de su libro Los poetas dominicanos de 1965: Una Generación importante y distinta (Santo Domingo: Biblioteca Nacional, 1985. Pp. 469-484. Col. "Orfeo"; 7). Es, paradójicamente, el primero que en República Dominicana elabora bibliografías pasivas en el campo de las letras; luego lo haría la investigadora dominicana Margarita Vallejo de Paredes.

1.5 Quinto período: finales del Siglo XX y principios del Siglo XXI

A este período pertenecen Cándido Gerón, Miguel Collado, Margarita Vallejo de Paredes, Frank Moya Pons y Franklin Gutiérrez, quienes han dado a la bibliografía nacional, respectivamente, las siguientes obras: Diccionario de autores dominicanos (1492-1992) (1992); Apuntes bibliográficos sobre la literatura dominicana (1993); Apuntes biográficos y bibliográficos de algunos escritores dominicanos del siglo XIX (1995, 2 tomos); Bibliografía de la literatura dominicana 1820-1990 (1997); y Evas terrenales: biobibliografías de 150 autoras dominicanas (2000).

Gutiérrez publicó en 2004 un interesante y útil Diccionario de la literatura dominicana bibliográfico y terminológico, reeditado en 2010. Hay que resaltar la importante labor de difusión de la literatura dominicana que desde hace varios años viene llevando a cabo desde los Estados Unidos de América este reconocido investigador literario y académico dominicano.

Para cerrar esta parte de nuestra conferencia, es oportuno recordar a Otto Olivera cuando, en la introducción de su trabajo bibliográfico, dice lo siguiente:

"De particular importancia es la producción literaria publicada en revistas, suplementos y páginas literarias de periódicos. Pero por su magnitud constituye una bibliografía en sí, aparte, y, harto difícil de reunir, que merece un examen sistemático de cada una de las diversas publicaciones periódicas. Bastante se ha hecho ya, respecto a publicaciones universitarias y de algunas instituciones; pero en lo que se refiere a revistas literarias y, sobre todo, a periódicos, queda una labor ingente por realizar" (p. 8).

2. IMPORTANCIA DE LA INVESTIGACIÓN BIBLIOGRÁFICA

2.1 La memoria literaria y el índice bibliográfico

Si en verdad el índice bibliográfico de un país viene a ser, como opina Jiménez Cohén, "su índice cultural, en el que se refleja su quehacer intelectual y espiritual", entonces hay que reconocer la trascendencia de la investigación bibliográfica como herramienta fundamental para el rescate y preservación de la memoria literaria de cualquier sociedad.

Una memoria literaria consiste fundamentalmente en el registro y preservación de los datos e informaciones referentes a la producción literaria de un país; comprende los aspectos concernientes a la reproducción y localización en el pasado de los mismos, por lo que la investigación bibliográfica constituye, así, un factor relevante en la construcción de la memoria histórico-cultural de un pueblo.

En la medida en que podamos desarrollar, en forma sistemática y coherente, mecanismos de rescate y preservación de todo el material bibliográfico disperso de autores dominicanos, en esa misma medida iremos creando una memoria literaria que nos permitirá mantener vivo el recuerdo de datos e informaciones de suma importancia para una mejor comprensión de lo que ha sido nuestro devenir histórico-cultural.

1.2 Del Investigador Bibliográfico o Bibliógrafo

De lo anterior se deduce la importancia del trabajo que realiza el investigador bibliográfico o bibliógrafo para la creación de una memoria literaria. Este investigador es una especie de "arqueólogo de documentos", ya que su labor, en gran medida, consiste en rastrear publicaciones desconocidas o ya olvidadas por efecto del tiempo o por la ausencia de una política cultural que esté orientada a salvaguardar el acervo bibliográfico nacional.

Anima al investigador bibliográfico o bibliógrafo el interés propio del difusor cultural, que, con honda intención didáctica, y liberado de egoísmo, sólo desea dar a conocer lo que ha hecho otro; cumple, de esta manera, con una valiosa función de transferidor de información. Imprescindible sería su papel en cualquier proyecto de diseminación de información fresca que sea contemplado -y que debería ser contemplado- dentro de un plan general de desarrollo cultural.

2.3 La labor del Bibliógrafo

El bibliógrafo tiene que hurgar -auxiliado de su instrumental metodológico- en bibliotecas y archivos; consultar libros "raros", folletos, revistas, periódicos y otros tipos de materiales impresos para poder realizar, en un esfuerzo pocas veces estimado, su importante trabajo de organizador de fuentes que permitirán al estudioso o al crítico hacer una valoración más objetiva y justa de la producción intelectual de una época, de una generación o de un autor en particular. El es el enlace entre el creador y el crítico: promueve y divulga la obra del autor facilitando, de este modo, la tarea del crítico, a quien sirve de apoyo en el aspecto informativo.

Ahora bien, esa acuciosa labor que lleva a cabo el investigador bibliográfico se facilita en la medida en que aumenta el número de bibliotecas y de centros de información; es por lo que todo bibliógrafo consciente de su rol debe sumarse a todo esfuerzo encaminado hacia la creación de nuevos bancos de información bibliográfica y centros de documentación y referencia, así como contribuir con su enriquecimiento, ya que son idóneos depósitos de cultura.

2.4 Deber del Bibliógrafo

El bibliógrafo debe estar consciente, también, de su doble rol de preservador cultural y de constructor de memoria y, con su esfuerzo indagador, contribuir con la actualización bibliográfica de esos depósitos de cultura que son las bibliotecas y los centros de documentación.

3.0 CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

a) Los trabajos de recopilación bibliográfica en nuestro país son muy escasos, tomando en cuenta la antigüedad de la historia del libro dominicano. Desde principios del siglo XIX ya se imprimía en Santo Domingo. De 1814 es la edición del primer volumen en la isla de Santo Domingo: Tratado de Lógica, del santiaguero Andrés López de Medrano.

b) Son muy contados los investigadores que concentran su actividad intelectual exclusivamente en la investigación bibliográfica, disciplina que debería ser considerada de vital importancia para la preservación y divulgación del patrimonio cultural que constituyen las publicaciones de libros, revistas, periódicos y otros materiales impresos en cualquier sociedad organizada.

c) Los pocos investigadores que han incursionado en el área no lo han hecho en forma sostenida ni mucho menos sistemáticamente, sino más bien de manera ocasional y empírica. La causa de esto la encontramos, en parte, en la ausencia de una entidad que, como el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de México, asuma la investigación bibliográfica como una función permanente y necesaria para la recuperación y mantenimiento de la memoria espiritual y literaria del país. La Ley No. 41, del 28 de junio de 2000, que crea en República Dominicana la Secretaría de Estado de Cultura (hoy Ministerio de Cultura), serviría de fundamento jurídico a la fundación de un organismo similar en la República Dominicana.

d) Finalmente, es oportuno decir aquí que el 6 de diciembre de 2010 pusimos en las manos del Ministro de Cultura, Lic. José Rafael Lantigua, una propuesta de creación de una Dirección de Investigaciones Bibliográficas como un organismo dependiente de dicho ministerio. Fue muy receptivo y, con evidente entusiasmo, nos prometió estudiar la propuesta por considerarla de gran importancia.

Esa Dirección de Investigaciones Bibliográficas tendría como objetivo principal crear una base de datos bibliográfica y referencial como apoyo a la labor de investigación y que, de alguna manera, contribuiría con la solución del problema de la atomización o dispersión de la información referida a las publicaciones en el país, implementando, para ello, una política de elaboración de bibliografías y ordenamiento de fuentes de consulta que faciliten la promoción y difusión de la bibliografía nacional. En la solución de ese problema está llamada a jugar su rol la Biblioteca Nacional "Pedro Henríquez Ureña".

* Síntesis de la conferencia dictada, el sábado 5 de febrero de 2011, en la Academia Dominicana de la Lengua, en el marco de la Tertulia Literaria "Letras de la Academia" de esa entidad, bajo la coordinación de la Dra., Ofelia Berrido, Miembra Correspondiente de la Academia.

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